El cariño con el que nos cambiaban de bebes, el afecto con que nos arropaban de chicos, o la paciencia que nos tenían con los deberes de la escuela. La ternura con la que nos limpiaban una lastimadura cuando volvíamos llorando de la plaza con una rodilla raspada, la creatividad para preparar las verduras de mil formas distintas para lograr que las comamos. Los miles de idas y vueltas al doctor cuando nos enfermábamos y todas las veces que ella se quedaba despierta a nuestro lado, casi sufriendo porque no podía hacer más. O el perdonar nuestras rabietas, y arreglar los líos que hacíamos cuando se nos ocurría hacer alguna travesura. Y cuando fuimos mas grandes la relación se amplió a otras áreas, como la psicología, o quien no ha tomado unos mates con la vieja mientras le contábamos ese problema que nos estaba volviendo locos? O la preocupación cuando salíamos a la noche y esa vigilia, esperando que nada nos suceda. Y sin importar la edad que tengamos, siempre cuidándonos y aconsejándonos que nos abriguemos bien al salir.

Las madres son inigualables, y con semejante trabajo que les damos no reciben nada a cambio, apenas un día al año para acordarnos de ellas. Y los regalos no bastan. Porque ir a una tienda y comprar algo para darle muy envuelto y con un gran moño lo puede hacer cualquiera. Lo que ellas se merecen es todo nuestro amor, respeto, mucho cariño y sobre todo reconocimiento, por todo lo que hicieron, lo que hacen y lo que van a seguir haciendo, porque a este trabajo tampoco se renuncia. Aunque estoy seguro que aunque pudieran no lo harían. Porque ser madre es de vocación.

Tus brazos siempre se abren cuando necesito un abrazo. Tu corazón sabe comprender cuándo necesito una amiga. Tus ojos sensibles se endurecen cuando necesito una lección. Tu fuerza y tu amor me han dirigido por la vida y me han dado las alas que necesitaba para volar.

¡Muy Feliz Día para todas las madres!